Como resultado del aumento en la expectativa de vida promedio de las personas, la población mundial está envejeciendo y prácticamente todos los países están experimentando un crecimiento en el número y la proporción de personas mayores en su población. Entre el 2010 y el 2020, la expectativa de vida de los puertorriqueños aumentó 2 años, de 79 años a 81 años. Puerto Rico no solo ha experimentado esta tendencia global, sino que otros factores demográficos han agudizado la proporción nuestra situación.
Según el Censo, hemos experimentamos un descenso estrepitoso en la tasa de natalidad de 11.3 nacimientos por cada mil habitantes en el 2010 a 7.9 nacimientos por cada mil habitantes en el 2020; y se proyecta que ese número baje a 6.6 nacimientos vivos por cada mil habitantes para el 2050.
Una de las razones para la baja en la natalidad se debe a la migración de personas en edad productiva a los Estados Unidos continentales, así como los cambios generacionales que han decidido tener menos hijos.
La combinación de estos factores posicionó a Puerto Rico en el 2019 como la segunda jurisdicción americana con mayor porcentaje de personas mayores de 60 años, con 27.61%. Se estima que, para el 2030, más de 965,000 personas en Puerto Rico —el 34% de nuestra población— tengan más de 60 años. Y que para
el 2050, este número se aproxime al 40%.
El envejecimiento de la población está a punto de lanzar una de las transformaciones sociales más importantes del siglo XXI, con implicaciones para todos los sectores de la sociedad incluyendo, como ejemplo, los mercados laborales y financieros, la demanda de bienes y servicios (como la vivienda, la transportación y los mecanismos de protección social), y las estructuras sociales familiares y los vínculos intergeneracionales. En Puerto Rico, ya estamos viviendo los retos de no adaptarnos a estas realidades sociales.
Según datos del año 2019, casi el 40% de nuestros adultos mayores vivían bajo el nivel de pobreza. El 88.1% de esta población se encontraba fuera de la fuerza laboral, siendo sus principales fuentes de ingresos el Seguro Social (80.8%), el Programa de Asistencia Nutricional (PAN) (40.7%) y Pensiones de Retiro (30.5%). El
39.9% de los adultos mayores no cuentan con cuarto año de escuela superior y solo un 18% ha alcanzado un grado de bachiller o más.
Por otro lado, estudios demuestran que existe una correlación entre una vida sedentaria o inactiva y diversas enfermedades físicas y problemas de salud mental, tales como obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, depresión, y ansiedad. También se ha una demostrado que la salud mental es el factor más influyente en los cambios de salud física.
Existe un aumento en el número de querellas de maltrato a adultos mayores donde se destacan la negligencia y la explotación financiera, y los delitos de apropiación ilegal y el fraude. En el 2019, el Departamento de la Familia recibió cerca de 8,500 referidos de maltrato de adultos mayores; el año pasado, sobrepasaron los 13,200 referidos. Desafortunadamente, los hijos y miembros de la familia son los responsables más comunes.
Necesitamos un gobierno que entienda y atienda las necesidades de los adultos mayores. Necesitamos un gobierno que sea accesible al adulto mayor, tomando en consideración las capacidades y limitaciones que un adulto mayor pueda tener. Tenemos que acabar con la burocracia en la gestión pública para que sean más accesibles a esta población.
Necesitamos inducir un cambio cultural en nuestro gobierno que promueva la valorización positiva hacia los procesos naturales del envejecimiento. Hay que eliminar la visión paternalista del Estado hacia el adulto mayor y transformar la visión estereotipada y perjudicada del envejecimiento y su impacto en las acciones gubernamentales. Necesitamos transformar nuestro gobierno para que sus servicios que se basen en los principios del respeto, autonomía y participación, justicia, equidad, seguridad y protección hacia el adulto mayor. Tenemos que fomentar la integración y participación efectiva de los adultos mayores en la vida social, económica y comunitaria.
Necesitamos reenfocar nuestra visión del adulto mayor como contribuyentes al desarrollo, cuya capacidad para actuar en beneficio de ellas mismas y de sus sociedades debería integrarse en políticas y programas a todos los niveles.
Tenemos que mejorar la calidad de vida de los adultos mayores en Puerto Rico a través de un enfoque holístico y participativo, que promueva la inclusión de los adultos mayores en todos los aspectos de nuestra sociedad garantizando su bienestar integral.